EL PAQUETE EQUIVOCADO: DEL ESCENARIO AJENO A LA JUSTICIA PROPIA
Hace poco me di cuenta de algo que me dejó bastante descolocada. Me pasaba una cosa rarísima: era capaz de desear algo con una fuerza increíble —un coche específico, una casa con detalles muy concretos, una cantidad de dinero exacta— y, de repente, ¡pum!, aparecía. Pero no en mi puerta, sino en la del vecino. Era como si mis pensamientos se cumplieran, pero el destinatario fuera siempre otro. Yo pedía el deseo y el universo entregaba el paquete en el piso de al lado. Al principio me frustraba, pero al final he acabado atando cabos. Este "error de logística" no es casualidad. Si veo lo que quiero en manos de otros y no en las mías, es porque me he convertido en un espectador de mi propia vida. Recientemente me di cuenta de hasta qué punto ponemos nuestro valor y nuestra energía fuera. Ha sido observando ciertos pensamientos recurrentes sobre una herida que aún no termino de resignificar, buscando la manera de convivir con ella desde un lugar diferente: hablo del abandono...