PAPÁ, MAMÁ Y TU PENSAMIENTO MÁGICO
Cuando empezamos a observar nuestras relaciones con más
conciencia, podemos apreciar que a menudo creemos que elegimos a nuestra pareja
por su sonrisa, por su charla o por una conexión mágica, pero detrás de eso hay
otra realidad.
Fijémonos en nuestra madre y nuestro padre, ellos fueron el
primer hombre y la primera mujer que conocimos. A través de ellos, de lo que
vimos en la cocina, de sus silencios en el pasillo o de sus abrazos, aprendimos,
qué es un hombre, qué es una mujer, qué es amar y, sobre todo, qué es convivir.
Y según haya sido nuestra historia con ellos, hay cosas que aceptas y otras que
rechazas. Pero en ese proceso, de forma automática, empiezas a construir en tu
mente un modelo. Una idea de cómo "debería" ser un hombre como
debería ser una mujer, basándonos en nuestras carencias. Es como si
intentáramos corregir el pasado a través del presente. Este modelo lo vamos
alimentando durante años: con lo que vimos en casa, con lo que vivimos, con lo
que nos dolió y, muy especialmente, con lo que idealizamos para protegernos del
dolor. Así, cuando llega el momento de buscar pareja, creemos que estamos
mirando a la persona que tenemos enfrente. Pero, en realidad, muchas veces
estamos mirando un holograma. Estamos buscando una imagen, una fantasía, una
versión perfecta que solo habita en nuestra imaginación.
Este modelo lo alimentas durante años con tus carencias y
con lo que idealizas. Y aquí aparece el pensamiento mágico: crees que estás
buscando a una persona, pero en realidad buscas una fantasía. Buscas que el
otro encaje en un diseño que hiciste en tu imaginación.
¿Y Cuál es el problema? Que como esa persona perfecta no
existe, siempre vas a encontrarle el fallo al que tienes delante. El
pensamiento mágico te hace ver el defecto en el otro para justificar tus ganas
de separarte o tu insatisfacción, sin ver que el conflicto no es la otra
persona, sino tu expectativa irreal.
Hay que entender algo fundamental: lo que tienes delante hoy
es tu contraparte. Por ley de afinidad, tu energía atrae exactamente lo que
necesitas para verte a ti mismo. No atraes lo que quieres; atraes lo que eres o
aquello que te falta integrar. Mientras más te molesta el otro, más prioridad
tiene ese reflejo en ti. Todo aquello que juzgas llegará a tu vida, una y otra
vez, hasta que aprendas a verlo con otros ojos.
Idealizar no sirve de nada. Las personas reales tienen
virtudes y defectos, igual que tú e igual que yo. Cuando dejas de usar al otro
para que llene tus vacíos, algo cambia profundamente. Dejas de buscar un
"salvador" y empiezas a trabajar en ti. En conocerte y en
completarte.
Porque cuando una persona se hace responsable de su propia
energía, deja de perseguir fantasías. Y entonces, y solo entonces, puede
encontrarse con alguien real. Alguien que no es perfecto, pero que es tu pareja
por elección, no por necesidad.
Ahí es donde la relación deja de ser una búsqueda
desesperada por miedo al abandono o por repetir patrones de papá y mamá, y se
convierte en un encuentro entre dos seres que deciden caminar juntos desde la
libertad.
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