EL COSMOS EN TU CAOS PERSONAL

 

Esta reflexión nace de recorrer mis propios desiertos, de mi propia pelea con la inmediatez. Soy la primera que a veces quiere chasquear los dedos y que el dolor desaparezca, o que un proyecto florezca mañana mismo. Pero me he dado cuenta de que mi ansiedad por el "ya" era, en el fondo, un miedo al vacío.

Siento que la vida me ha puesto el freno de mano y lo ha anclado al suelo. Es como si me obligara, por fin, a esforzarme en disfrutar y en aprender a estar en calma. Porque entiendo que esa es la única manera de que la abundancia llegue y de que aparezcan las cosas que estoy destinada a tener. Llevo más de tres años con esto en la cabeza... y es difícil. Imaginen a alguien que lleva toda la vida trabajando, siendo el pilar de su familia, y que de repente decide soltarlo todo para descansar. Parece un chiste de optimista, ¿verdad? Pero es necesario.

Porque hay una verdad que a veces nos cuesta mirar de frente: El día en que yo me sentí morir, no tuve miedo, sino una gran tristeza de no haber vivido mi propia vida. Y vivir implica respetar los ciclos.

Desde niña miro el cielo buscando respuestas. Las estrellas y las galaxias se han gestado a su propio ritmo. No tienen prisa por brillar. Y aquí dentro, nuestro cuerpo sigue la misma lógica. Queremos que el dolor de una traición o el vacío de un abandono desaparezcan hoy mismo, pero no puedes obligar a una fruta a madurar a base de gritos. Tenemos que aprender a respetar el tiempo que nuestra propia vida necesita para volver a florecer.

Muchos sentimos que nuestras vidas son un desastre: un divorcio, una pérdida de empleo, una infidelidad. Miramos hacia adentro y solo vemos un agujero negro del que queremos huir. Pero fíjate en el universo: de la nada más absoluta, surgieron las estrellas. Lo que tú llamas "caos" es, en realidad, el estado previo a una nueva creación.

En el cosmos, Los agujeros negros, por ejemplo, absorben todo lo que se encuentra a su alrededor, generando un cambio constante en el entorno. Sin embargo, el universo tiene una capacidad inherente para reestablecer el equilibrio.

Este equilibrio no se basa en conceptos de "bueno" o "malo", ni en nociones de "arriba" o "abajo". Todo es parte de un ciclo continuo de transformación. Las fuerzas opuestas coexisten y se complementan, creando un sistema interconectado donde cada acción tiene su reacción, contribuyendo al orden general.

La vida en el universo, con sus cambios y ciclos, nos enseña que el caos y el orden son dos caras de la misma moneda. En este equilibrio, encontramos la belleza de la existencia, recordándonos que, incluso en momentos de desorden, hay un propósito y una estructura que nos rodea.

Los ciclos y los tiempos son fundamentales en nuestra existencia. Como en la física, el tiempo que tarda en grabarse la información es crucial para comprender cómo se manifiestan nuestras ideas en el mundo material.

Todo comienza con un deseo interno. Pensemos en quienes crearon la primera bombilla, el primer coche, el primer avión, o incluso el primer lápiz. Cada uno de estos inventos nació de un deseo: una idea que se transformó en imágenes mentales. De esas imágenes, surgieron formas concretas, materiales, y planos que dieron lugar a la creación.

En nuestra mente, construimos imágenes que luego nuestro cuerpo procesa y atrae. Actuamos a partir de esas imágenes, y es aquí donde entra en juego nuestra energía interna. Las señales externas, captadas a través de nuestros cinco sentidos, alimentan nuestro motor interno, que se nutre de la energía creadora de nuestras entrañas.

Hablando de creación, pensemos en el proceso de gestación: los ovarios crean, el útero gesta y la vagina abre la puerta al mundo material. Un bebé comienza como una idea. Se desarrolla y se forma en el vientre materno hasta que está listo para salir al mundo.

La ilusión de acelerar los procesos Surge la pregunta: ¿qué nos hace pensar que podemos acelerar estos procesos?

Soltar a una pareja o un rol antiguo es permitir que el ciclo de la vida continúe. Si te aferras a lo que ya murió, estás intentando detener el giro de las galaxias.

No te asustes por el desorden de tus emociones hoy. La física nos enseña que el equilibrio siempre vuelve. Tu infancia dura o esa traición que hoy te quema son tu "materia prima". No te exijas florecer en pleno invierno.

Confía en que, incluso en este caos, hay una estructura invisible que te sostiene. Estás en pleno proceso de creación... y las estrellas más brillantes nacen de las nubes de gas más oscuras. En mi trabajo con la terapia corporal, veo a diario cómo el cuerpo guarda la memoria de ese abandono. Por eso siempre digo: "Te acompaño". Porque, aunque el universo sea inmenso, el camino se hace mejor cuando alguien sostiene la linterna mientras tú atraviesas tu propia oscuridad.

 

Rosanna Lucía – Luna Cósmica

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