SANANDO NUESTRA ENERGIA FEMENINA
Nos dijeron que debíamos ser damas en la calle y
fieras en la cama. Como si esas dos formas no pudieran convivir en una sola
mujer. Como si la pasión solo fuera válida desde lo sexual, y no una fuerza
vital que también vibra en el deseo de amar con respeto, valentía y entrega.
Y al final, ¿qué ocurre? Que muchas no se
permiten ser dulces y abiertas en la intimidad… ni poderosas y apasionadas en
el día a día.
Desde ahí, los vínculos se distorsionan. El mensaje que lanzamos al mundo
está fragmentado, y muchas veces, los hombres responden a esa misma
separación: buscan una mujer para “divertirse” y otra para “formar familia”.
Así se crean vínculos frágiles, confusos, incompletos.
La energía femenina es profunda, compleja,
poderosa. No puede encasillarse sin que algo se rompa por dentro. La
energía sexual no es solo cuerpo, es vida. Es la misma energía que te permite
crear, sentir, moverte, dar amor y transformar tu mundo.
Cuando intentamos dividirnos entre la
"buena" y la "salvaje", cuando nos desconectamos de lo que
somos realmente, llega la frustración, la tristeza... el “no entiendo por qué
no me llega lo que tanto anhelo”.
Y esto no es solo personal, es colectivo. Lo
vemos en los medios, en las historias que se repiten: mujeres que usan su
energía sexual para conquistar, pero luego sienten que no son elegidas para una
relación profunda. Hombres que buscan fuera lo que no ven dentro de casa.
La herida viene de lejos. Pero también la
sabiduría.
El tantra y el taoísmo lo explican con mucha claridad: tu energía sexual es
sagrada. Cuando la conoces, la honras y la usas conscientemente, se convierte
en una fuerza creativa, sanadora y espiritual. No se trata solo de orgasmo,
sino de presencia, conexión profunda contigo y con el otro, de circular amor y
poder por todo tu ser.
Esta es la verdadera magia sexual: sentirte
viva, conectada, completa. Poder mirar al otro a los ojos desde tu verdad, sin
miedo ni máscaras.
Y sí, también se trata de integrar tu dulzura con tu deseo. Tu amor con tu
fuego. Tu ternura con tu valentía.
María Magdalena fue fuerza y amor divino. Fue
iniciadora, guía, presencia. No escondía su poder, lo encarnaba con dignidad.
Lilith y Eva no son rivales dentro de ti. Son
aspectos que necesitan integrarse: la voz firme y la ternura, el deseo y la
entrega, el poder y la vulnerabilidad.
Cuando una mujer se permite ser una sola, sin dividirse entre "la
buena" y "la deseada", empieza a vivir de forma diferente. Y eso
cambia todo: tu energía, tus relaciones, tu forma de amar y de atraer.
Ya no necesitas que te elijan. Porque tú ya te elegiste a ti.
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